Thompson: “¿Y si somos nosotros quienes ganamos estos juegos?” Una nueva sensación en Ole Miss

En la víspera del Sugar Bowl, llegamos a Nueva Orleans para apoyar a Ole Miss contra Georgia. La ciudad estaba llena de fanáticos de Ole Miss, reviviendo recuerdos de visitas previas. Entre las charlas sobre caza de patos y el seguimiento del juego de Texas con Archie Manning en la pantalla, el ambiente estaba cargado de nostalgia. Las calles vibraban con la presencia de la afición de los Rebels, mucho más numerosa que la de Georgia.

La noche estuvo llena de historias y emociones. Recordamos el Sugar Bowl de 2016 cuando Ole Miss volvió a este evento después de años. Las pérdidas pasadas y los recuerdos familiares se mezclaron con la emoción del presente. Nos preguntábamos cómo reaccionarían nuestros seres queridos ausentes ante este momento. Ole Miss se ha convertido en un símbolo de las luchas de los deportes universitarios, especialmente tras la salida de Lane Kiffin a LSU, lo que intensificó las emociones del partido.

El juego fue intenso, lleno de momentos de tensión y decisiones arbitrales controvertidas. Ole Miss, contra todo pronóstico, logró vencer a Georgia con un tiro de campo de Lucas Carneiro en los últimos segundos. Las lágrimas, la incredulidad y la alegría se apoderaron de los fans y la comunidad de Ole Miss, marcando una nueva esperanza. La creencia de que podían ganar grandes partidos comenzó a surgir entre la afición.

Esta victoria dejó a los seguidores de Ole Miss con una nueva perspectiva, listos para enfrentar futuros desafíos. Con dos victorias más para un campeonato nacional, la esperanza y la emoción eran palpables. Mientras salíamos del estadio, el pensamiento de “¿Y si somos los que ganamos estos juegos?” resonaba en el aire. Ole Miss no solo celebraba una victoria deportiva, sino un renacimiento de sus sueños y esperanzas.

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